viernes, 11 de febrero de 2011

Aburrimiento

Ya transita el sudor y la blasfemia,
la deserción y el hedor
entre mis manos.

La mugre.

La última lágrima
de mis cosmos ya marchito,
no fue de amor, no de olvido.
El gemido último
vino en un paréntesis,
obediente, sumiso, sin pudores...

Fue el discípulo postrer de la rutina...

Cada vez que bostecé,
perdí un poema.