martes, 11 de septiembre de 2012

Que siempre fueron nuestros.


Si vuelve la desidia a alzar su mano
y este septiembre embiste, y mina, y marca,
veremos cómo el tiempo se derrama
sin habernos contado una palabra.

La horas, los minutos,
este dolor de tripa,
este cabreo,
este terco zumbido insoportable
que no permite otra voz
que este silencio.

Ahora que el calor se desvanece
como en un ciclo sin fin de pleamares,
la órbita se aleja,
y de la fuga
no salen más que notas discordantes...

Pero ahí sigo yo, erre que erre,
con el ojo en el verso que atraviese
la estepa solitaria,
el gris desierto,
tal vez haya mejores,
pero a veces,
prefiero conformarme con los míos...
que siempre fueron nuestros.