domingo, 10 de julio de 2011

El próximo segundo


Presumo del recuerdo de una infancia feliz,
jugando al escondite, jugando al pilla-pilla,
sin más complicaciones que alguna cicatriz
surcando la rodilla.

El caso es que una tarde plomiza comprendí
oyendo golpear en la ventana el viento
que la mejor manera de honrar al verbo huir
era huyendo.

Y me fui a recorrer el mundo
y caí en lo más profundo
y viví como si fuera a vivir
toda la vida en el próximo segundo.

Y vino un lunes gris y otro lunes marrón
el tedio y la apatía, matrimonio sin hijos,
la sucia indiferencia de dos en un colchón
a plazo fijo.

El caso es que una tarde la cruda realidad
me entró como una mota en el ojo, a veces pasa,
y abandoné un trabajo, una vida, una ciudad
para volver a casa.

Y me fui a recorrer el mundo
y caí en lo más profundo
y viví como si fuera a vivir
toda la vida en el próximo segundo.

Pasaron unos años, no puedo concretar
me he bebido la vida hasta el último trago,
buscándome la sombra rodé de bar en bar
como aprendiz de mago.

El caso es que una tarde se me encendió una luz
y colgué la chistera, y ví las cosas claras,
y me jugué el destino de nuevo a cara o cruz,
y la cruz salió cara.

Y me fui a recorrer el mundo
y caí en lo más profundo
y viví como si fuera a vivir
toda la vida en el próximo segundo.

El caso es que esta tarde será la última vez
intentaré escapar de mi lecho de muerte
volando como un pájaro o nadando como un pez
a ver si tengo suerte.

Y me fui a recorrer el mundo
y caí en lo más profundo
y viví como si fuera a vivir
toda la vida en el próximo segundo