martes, 19 de julio de 2011

Adios



Adiós me dijo, y me calzó un portazo
que temblaron las jambas de la puerta
en principio era un adiós definitivo.

Adiós me dijo y se aferró a mis brazos,
me temblaron las manos y las piernas…
incluso me coló un beso furtivo.

Adiós, adiós, adiós,
si no lo dices tú, lo digo yo.

Adiós, pero su adiós nada decía
duraba lo que un hielo en un fogón,
aunque sonara fuerte como un roble,

Adiós, pero su adiós se parecía
al torpe jugador de dominó
que termina chupándose el seis doble.

Adiós, adiós, adiós,
si no lo dices tú, lo digo yo.

Adiós, yo ya la oía como al viento
tenía el corazón curtido y seco
de tanto sobresalto gratuito.

Adiós, una, dos, tres, diez veces, cientos,
adiós se repetía como el eco,
y luego siempre ven, te necesito.

Adiós, adiós, adiós,
si no lo dices tú, lo digo yo.