Bueno, está bien, me doy, todo es mentira,
no he cruzado la media ni de lejos,
sucede que el disfraz de perro viejo
me sienta como un guante, así que mira,
permíteme mentir de vez en cuando,
así exorcizo futuros fantasmas,
déjame usar potingues, cataplasmas,
quejarme de la edad, volverme blando.
Es cierto que la cana me amenaza
y que alguna arruguita ya me traza
su rúbrica en la frente, y que uso gafas.
Pero retiro el tono macilento,
los matices vencidos de mi acento,
mi verbo miente, sí, pero no estafa.
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