martes, 14 de octubre de 2014

Que no nos venza nada



Ni este sueño que nos lastra los párpados,
ni esta duda que nos quiebra las páginas,
ni este hastío con su lengua maléfica,
ni este miedo que cercena carótidas,

ni este tiempo que aglutina carámbanos,
ni esta miga que se adhiere a la úvula,
ni este templo con sus blancos relámpagos,
ni esta casa que amontona a sus huéspedes,

ni el silencio con sus notas tan átonas,
ni la muerte con su tono tan Thánatos,
ni el amor con sus frescas campánulas,
ni el alcohol con sus brumas volátiles,

ni este cielo que nos lanza sus pájaros,
ni este avión que nos cede sus hélices,
ni este barco que nos brinda el océano,
ni este suelo con su cara tan árida,

ni la herida que supura de súbito,
ni la arcada que levanta el estómago,
ni la baba que va antes del vómito,
ni la carta que nos hunde en lo inhóspito,

ni el andén que nos cubre de lágrimas,
ni el calor y su oscuro propósito,
ni la mano que inicia los trámites,
ni el futuro y su cruel matemática.