viernes, 26 de noviembre de 2010

Lo cierto es que no creo en tu palabras

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Lo cierto es que no creo en tus palabras,
palabras que me escupes desde lejos,
de lejos me pareces más macabra,
macabra como un tiro en un espejo,

Espejos como el alma de los ojos,
los ojos que mantienes tan cerrados,
cerrados con candados y cerrojos,
cerrojos en el pecho y el costado.

Costa Dorada, recuerdo el paisaje,
paisaje de un pasado que recuerdo,
recuerdos, como fotos de viajes,
viaje que no haré si sigo cuerdo.

Tan cuerdo como pueda mantenerme,
tenerme en pie y vivir, es lo que quiero.
Que quiero ver que no vienes a verme,
a ver, ¿me das aquello que prefiero?

Prefiero cuando callas los detalles,
detalles como quién es quien te abraza.
Te abraza fuertemente por el talle,
el talle que paseas por la plaza.

La plaza por la que también paseo,
paseo cabizbajo, triste y muerto,
tan muerto como el gozo y el deseo
deseos que caerán en el desierto.

Desierto queda el premio, nadie gana.
Las ganas: es lo que ya no me queda,
Me queda pasta para una semana.
Semana Santa, sálvese quien pueda.

Quien pueda que se vuelva, yo me quedo.
Me quedo con los restos del naufragio,
naufragio del amor y ya no puedo,
no puedo soportar el mal presagio.

Presagio que la lluvia viene aprisa,
deprisa como me sorprende el llanto,
el llanto que se apaga con la risa,
la risa tuya que me gusta tanto.

De tanto en tanto busco en otros puertos
los puertos y las puertas, que se abran.
No abras tu boquita si no es cierto,
lo cierto es que no creo en tus palabras.