lunes, 23 de noviembre de 2009

Fiesta


Tendría yo cinco años cuando aquel toro negro salió a la plaza.
Era un animal inmenso, debía pesar seiscientos kilos o más.
Era un toro oscuro, macabro; era un toro maldito... creo que lo supe en el momento en que lo vi a través del televisor en blanco y negro de la cocina de casa. era un toro malo.
Mi madre no me dejaba ver las corridas de toros.

-Eres muy pequeño, cariño.

O algo así, me decía.

Sin embargo, ese día, desde mi habitación, podía oír lo "¡OLÉS!" y vítores procedentes del televisor del salón. Allí estaba mi madre, comiendo pipas y tomando una cerveza, como todos los días.
Me arrastré por debajo de la cristalera de la puerta del salón hacia la cocina y trepé hasta la encimera negra, una vez allí, alcancé el televisor.
Tendría yo cinco años y aquel toro negro salió a la plaza. Un hombre con un traje muy ceñido y brillante bailaba con la bestia y la gente gritaba y aplaudía; pero el toro era malo, se lo vi en los ojos, tenía ojos de fuego, de azufre, eran ojos de infierno, eran ojos de dolor y de sangre.

-¡Olé!- Gritaba la gente.
-¡Olé!- gritaba mi madre.
-¡Olé!- gritaba el mundo, y yo me estremecía.

Tendría yo cinco años y aquel hombre jugaba a vivir o a morir sin saber lo que yo ya sabía.
Fue un golpe certero y limpio; los pies del hombre se separaron del suelo y se crisparon, como todo su cuerpo. Sus manos se atenazaron al arma asesina intentando extraerla de su cuerpo, pero ya era tarde.
Tendría yo cinco años la primera vez que vi morir a un hombre; no vi dolor ni miedo en su rostro, creo que fue sorpresa.
Tendría yo cinco años... pero de eso hace ya mucho.
Tenia aquel toro ojos de fuego, azufre; ojos de infierno de dolor y de sangre...
El toro de hoy tiene los mismos ojos, y hoy soy yo el torero.
Este morlaco va a matarme, pero yo ya lo sé, esa es mi ventaja.
Entrará el pitón frío en mi cuerpo, ya lo sé, no intentaré zafarme de la muerte.
No habrá dolor, ni miedo, pero tampoco habrá sorpresa en mi rostro.
Me abrirá el corazón, no sentiré nada, sólo sosiego.
Ocurrirá en un pase de pecho, lo sé, pero tengo que hacerlo.
Tendría yo cinco años cuando vi mi muerte en la muerte de otro hombre.
Ya han picado a mi verdugo. Su sangre es muy roja y buscan sus pitones la mía.

-¡Aquí me tienes!

Ahora el pase pecho; el toro se desvía y me hunde en el costado el pitón derecho, y ya sólo estamos él y yo.
-Un poco más y llegarás al corazón, torito, un poco más. Ahora sólo tienes que alzar la cabeza, como para mirar al cielo.