sábado, 28 de noviembre de 2009

ME RENDÍ


Dejé caer las manos al abismo y la sombra,
apurando el cianuro del mutismo en la sangre.

Tan lívido el silencio de las manos ajadas.

Nadie nunca lo supo, toda el alma fue carne.

El tiempo, la rutina, el cansancio en los ojos,
la tibia destemplanza, el turbión delirante,
el pálpito, el jadeo, la fiebre, la piel muerta,
cenizas me tornaron el corazón exánime.

La vida fue pasando como un eco de acacia,
el ayer fue de olvido, fue tronar incesante.

el himno de la noche, el réquiem por mi alma
que venga, y que la música, me despoje del aire.